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Los trabajos de exploración y restauración de las esculturas

Las tareas de excavación y conservación in situ se llevaron a cabo simultáneamente desde el día mismo del hallazgo. La presencia del restaurador fue indispensable en todo momento, debido al pésimo estado en que se encontraban ambas esculturas. Tanto la baja temperatura a la cual fueron cocidas las piezas como el elevado nivel de humedad del subsuelo provocaron que la cerámica se convirtiera en un material sumamente frágil. Estos dos fenómenos, aunados a las altas presiones ejercidas por el peso de los edificios y a las vibraciones de los vehículos que transitaban cotidianamente por la calle de Justo Sierra, causaron serios daños en las imágenes. Ambas se encontraron rotas en cientos de pedazos. La presión que sufrieron fue tan fuerte que, al quebrarse, se contrajeron casi 30 cm en su altura. Muchos fragmentos se colapsaron hacia los núcleos huecos. Las partes más afectadas fueron la cabeza y el torso. Además, buena parte de los recubrimientos de estuco se pulverizaron y la mayoría de la pigmentos desaparecieron.

Debido a que las esculturas estaban fracturadas en cientos de pedazos decidimos liberarlas de arriba a abajo, desmontando sección por sección (figura 8). En ambas piezas, comenzamos nuestras labores despejando gradualmente el relleno de piedras y arcilla que cubría la cabeza. Detuvimos la excavación una vez que ésta había quedado liberada completamente. Antes de proceder a desmontar la cabeza, hicimos el registro de campo consistente en la anotación de nuestras observaciones, varios dibujos, numerosas fotografías en diversos formatos y una grabación en video. Después numeramos los fragmentos en el dibujo, los desprendimos uno a uno de su lugar original y los colocamos en bolsas etiquetadas con la numeración asignada previamente. Las bolsas eran transportadas en contenedores de plástico y almacenadas en el taller de restauración. Este mismo procedimiento se repitió una y otra vez después de liberar el torso y los brazos, la cadera, las piernas y los pies.

El trabajo de excavación tuvo que ser más lento y cuidadoso en las porciones con graves deterioros. En ciertos sectores, la cerámica era tan deleznable que tuvo que consolidarse in situ con una emulsión acrílica. En otras ocasiones, fue necesario velar con gasa aquellas zonas donde la superficie se había separado en lajas de cerámica. Una vez que la gasa se había secado, podíamos remover la sección velada sin riesgo de perder los fragmentos. En las partes más deterioradas se aplicaron vendas de yeso para conservar la forma y la posición relativa de los pedazos. Más tarde, en el laboratorio serían colocados los recubrimientos en su sitio original.

Después de cinco meses de trabajo dentro del húmedo túnel, logramos registrar y extraer las dos esculturas. En la tranquilidad del taller proseguimos los trabajos. En un principio, los fragmentos más resistentes se lavaron con agua y detergente neutro, en tanto que los más frágiles se limpiaron con hisopo. Al mismo tiempo, se eliminaron sales insolubles y manchas dejadas por hongos.

La fragilidad de la escultura hizo indispensable la consolidación de la cerámica para aumentar su resistencia mecánica. La inmersión durante varios días en un consolidante permitió la perfecta penetración de la sustancia. A esto siguió un secado en un ambiente herméticamente cerrado, a fin de evitar la evaporación acelerada del solvente, lo cual hubiera arrastrado el material consolidante a la superficie.

El siguiente paso consistió en extender sobre el piso todos los fragmentos del elemento 5 para fotografiar los dos conjuntos (figura 9). Sin duda alguna, la tarea más complicada fue el armado de estos inmensos rompecabezas. Pacientemente fueron halladas una a una las piezas contiguas y unidas con pegamento. Paralelamente, fueron colocándose soportes metálicos dentro de secciones específicas de cada escultura. La función de dichos soportes sería repartir el peso en zonas muy dañadas donde la unión era deficiente. De manera independiente se elaboró una estructura tubular desmontable que serviría para mantener en pie esta obra de 128 kg. de peso (figura 10).

Durante el proceso de armado, se repusieron los faltantes y se resanaron las uniones. Las áreas resanadas fueron reintegradas con pigmentos de la misma tonalidad de la cerámica para lograr su enlace visual. Finalmente, fueron retocados en su sitio original.


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Ultima modificación: 31 de Mayo, 2000
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