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Mictlantecuhtli, el hígado y el ihíyotl


A la luz de lo mencionado, las esculturas de la Casa de las Águilas no ofrecen mayor problema en cuanto a su identificación y su significado. Su aspecto terrorífico y su posible vínculo con un ritual de sangre están en plena consonancia con las creencias mexicas del siglo XVI. Sin embargo, nos queda aún por explicar la presencia del hígado prominente.

Eduard Seler fue el primer investigador en notar la existencia de imágenes con un órgano proyectado hacia el exterior de la caja torácica. Hizo esta observación al analizar las láminas del Códice Mendocino donde aparece el esquelético traje de quetzaltzitzímitl propio del tlacochcálcatl (figura 18) (figura 19). Sin embargo, la opinión de Seler debe revisarse a la luz de las afirmaciones de Hermann Beyer. Seler percató de la presencia de un corte que cruza el pecho de lado a lado, incisión a través de la cual emerge lo que interpretó como "un corazón o sangre". Si bien es cierto que en ocasiones Mictlantecuhtli es representado con un corazón saliendo del tórax. en la mayor parte de los casos el hígado es el órgano que aparece en esta posición. Como señaló correctamente, el corazón tiene una forma convencional en la iconografía prehispánica que no corresponde con el órgano de los uniformes de quetzaltzitzímitl (figura 20). Es fácil distinguir el corazón gracias a que en su parte superior tiene terminaciones cercenadas correspondientes a la vena cava superior y a las arterias aorta y pulmonar (figura 21). Además de esta orilla superior dentada, cuenta en ocasiones con una franja transversal de color amarillo que imita al tejido adiposo de los surcos cardiacos. (figura 22) (figura 23) (figura 24) (figura 25) (figura 26) (figura 27) (figura 28).

De acuerdo con Beyer, lo que pende del uniforme de quetzaltzitzímitl es un hígado. Llegó a esta conclusión, tras analizar fonéticamente un topónimo dibujado en la lámina X del Códice Mendocino (Figura 29). Nos referimos al glifo de Tampatel, sitio huasteco conquistado por Axayácatl. Este topónimo se compone de un glifo de cerro (tam, "lugar" en huasteco) coronado por un hígado invertido (-el, del náhuatl elli, "hígado"). Al estudiar la lámina 6 del Códice Xólotl, el investigador alemán advirtió las similitudes del topónimo de Tampatel con el glifo de Tlacaélel, nombre también compuesto por la partícula -el (figura 30). Tiempo después, otros investigadores han coincidido con la identificación de Beyer. Alfonso Caso lo hizo al examinar el órgano que sujeta con sus garras el búho del Cuauhxicalli del Dios de la Muerte (figura 31) . María de los Ángeles Ojeda Díaz reconoció también este órgano en las caras 1, 2, 3 y 6 de la Piedra de Itzpapálotl (figura 32) y en las imágenes de Tzitzímitl contenidas en las láminas 40r del Códice Tudela (figura 33) y 76r del Códice Magliabechiano (figura 34). Más recientemente, Henry B. Nicholson opinó que el órgano que pende del traje de quetzaltzitzímitl, estudiado originalmente por Seler, es un hígado.

La pregunta obligada es el porqué de la presencia del hígado en las representaciones de los seres del inframundo. Está por demás insistir aquí en la importancia que tiene la que es la mayor glándula de nuestro organismo. Aparte de sus numerosas funciones metabólicas, el hígado almacena glucógeno y secreta bilis, agente de la digestión, especialmente de las grasas. El hígado es un órgano café-rojizo, blando y flexible que tiene un aspecto suave y brillante. Su forma se aproxima a la de un triángulo dividido en un gran lóbulo derecho y un más pequeño lóbulo izquierdo. A su cara inferior se asocia el saco piriforme conocido como vesícula biliar (figura 35) (figura 36) (figura 37) (figura 38) (figure 39) La función de este saco azul-verdoso es concentrar la bilis secretada por el hígado.

Suponemos que una de las características del hígado que más pudieron haber llamado la atención de los pueblos prehispánicos es la gran cantidad de sangre que contiene. Los flujos sanguíneos aportados por la arteria hepática y la vena porta tal vez hicieron que los indígenas equiparan este órgano con el corazón, otro de los receptáculos de las entidades anímicas. A esto se suma el movimiento sincronizado con la respiración que acusa el hígado debido a su colindancia con el diafragma. Otros rasgos dignos de ser tomados en cuenta son el tamaño y la posición del hígado entre el estómago y el corazón.

De acuerdo con las concepciones nahuas del siglo XVI, en el hígado se alojaba el ihíyotl, una de las tres almas del cuerpo. Alfredo López Austin señala que para los tzotziles y los nahuas actuales, cada una de las entidades anímicas está vinculada estrechamente con un sector determinado del cosmos y de la familia nuclear (figura 40):


Esto permite entender por qué la cabeza, principal sitio de residencia del tonalli, recibía en la época prehispánica, el nombre de ilhuícatl ("cielo") y por qué el fuerte vínculo entre el Sol y el corazón humano. Podemos también encontrar relación entre el ihíyotl y la tierra. Las labores agrícolas eran consideradas como la inevitable agresión que el hombre hacía a la Gran Madre, a la que el labrador tenía que herir al clavar la coa. "Labrar la tierra" se decía en náhuatl elimiqui(n), lo que literalmente significa "perjudicar el hígado", precisamente el hígado, la residencia del ihíyotl.

 

De hecho, no sólo el hígado y la vesícula eran asociados simbólicamente con la parte inferior del universo. Cecelia F. Klein ha descubierto que todas las vísceras del abdomen estaban relacionadas con la muerte y el inframundo. Esto es evidente en los códices prehispánicos, donde se observan la evisceración, el excremento y los gases nocivos junto a divinidades de muerte y a moribundos.

Hoy día contamos con varios estudios sobre el interesante complejo semántico del ihíyotl, el cual integra en una misma estructura lógica la ideas de inframundo, femineidad, crecimiento, pasión y pecado carnales, excremento, basura y muerte. De acuerdo con los antiguos nahuas, abajo --en el cuerpo humano y en el cosmos-- estaban reunidas las pasiones y las fuerzas positivas y negativas: vigor/laxitud, potencia/impotencia generativa, valor/cobardía, alegría/tristeza y deseo/desgano sexual. Esto explica, como veremos adelante, que los desechos del vientre fueran vehículos ya de fuerzas vigorizantes, ya de exhalaciones nocivas.

Desde el hígado, el ihíyotl controlaba a la vez la vida, el vigor, la sexualidad y el proceso digestivo. Allí tenían su origen también las emociones fuertes, principalmente la ira. En este sentido, fray Bernardino de Sahagún describe a la bilis secretada por el hígado como "espesa, verde, azul, nuestro enojadero, irrita a la gente, hinche de ira a la gente". Paralelamente, el ihíyotl tenía la facultad del crecimiento.

El ihíyotl prehispánico tiene su equivalente colonial y moderno en los "vientos" o "aires de noche". Éstos son tenidos por los indígenas actuales de Veracruz, Puebla y Chiapas como los nocivos espíritus de los muertos que regresan a la faz de la tierra. Por ejemplo, los nahuas de Veracruz, famosos por sus figuras recortadas de papel amate, representan a los aires con cuerpos esqueléticos. Los chortíes, por su parte, llaman ijiyo a este espíritu. Afirman que es una substancia vaporosa que tiene la cualidad de abandonar el cuerpo vivo o los cadáveres de los muertos. El ijiyo es irradiado por gente envidiosa, irritada, agitada o exhausta, así como por los hechiceros y por las mujeres en menstruación. Estos individuos son supuestamente inmunes a la hechicería y a los fantasmas, además de tienen el poder de dañar a gente con un ijiyo débil.

Todo lo anterior explicaría por qué las divinidades relacionadas con los poderes de la mitad inferior del cosmos, como Mictlantecuhtli, Mictecacíhuatl, Tzitzímitl e Itzpapálotl, fueron comúnmente representadas con grandes hígados.


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Ultima modificación: 31 de Mayo, 2000
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