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Ritual y Sacrificio
Los dioses expresaban la concepción de un mundo mágico, oculto y a veces terrible; eran presencia de una realidad que vivía y moría, y fueron creados por el hombre quien, motivado en parte por el miedo y en parte por la esperanza, buscaba respuestas a la necesidad innata de trascender. Para concretar la comunión del hombre con las divinidades, el ritual hacía las veces de enlace, y no en pocas ocasiones los ritos representaban a los mitos que dieron origen a los dioses. Toda la actividad humana estaba impregnada por un profundo sentimiento religioso, por lo que el ritual formó parte inherente e indisoluble de la vida del hombre que quería comunicarse con sus dioses. Igualmente, los rituales eran una necesidad colectiva y un instrumento de control de los jerarcas hacia la sociedad; eran también instrumento de poder y excusa para dominar a terceros; tal es el caso, por ejemplo, de las "Guerras Floridas", guerras rituales en las que los prisioneros estaban destinados a ser sacrificados. Los rituales se celebraban conforme lo dictaba el calendario Tonalámatl
, y variaban en forma, contenido y duración dependiendo de la divinidad invocada; pero uno, el ritual del sacrificio humano, guardaba la esencia primigenia de morir para nacer; de morir para satisfacer al dios.
La mayor parte de los objetos encontrados en el Templo Mayor proceden de ofrendas, compuestas por múltiples elementos mexicas y foráneos (de pueblos tributarios o traídos por comercio) como esculturas, pedernales, vasijas, cuentas de collares y otros ornamentos suntuarios, etcétera, así como minerales, plantas, animales de todo tipo y humanos sacrificados, todo lo cual cumplía determinada función dentro de la ofrenda, de acuerdo al simbolismo de cada objeto.
En las excavaciones en el Templo Mayor se encontraron diversos tipos de ofrendas, que han sido agrupadas por los investigadores de acuerdo a su Tiempo (época en la que se celebró el ofrecimiento); Espacio (ubicación de la ofrenda dentro del edificio); Continente (tipo y dimensiones del receptáculo que contiene los objetos); Distribución interna (colocación de dichos objetos) y Riqueza de materiales. Las ofrendas fueron localizadas básicamente en los rellenos constructivos, en urnas de piedra, en cajas hechas con sillares y bajo pisos; en plataformas, cuerpos arquitectónicos, escalinatas y en los templos, por ejemplo, de la Etapa II.
Los mexica hacían estos enterramientos practicando complejos rituales y siguiendo determinados patrones temporales, espaciales y simbólicos, de acuerdo a la intención. Generalmente se celebraban en ritos periódicos de acuerdo al calendario ritual e igualmente podían llevarse a cabo como ceremonias excepcionales, como por ejemplo, la ampliación del Templo y su consagración, ritos funerarios de algún prominente personaje, épocas de sequía y hambruna, fenómenos naturales incontrolables o crisis sociales. Como ejemplo de que estos depósitos guardaban un complejo lenguaje, veámos la Ofrenda 17.
Los objetos mexicas más antiguos, localizados en la etapa constructiva II del Templo Mayor, son dos urnas en cuyo interior había restos de huesos incinerados; una de ellas hecha en obsidiana y otra en piedra tecalli. Las ceremonias de incineración generalmente se practicaban entre la alta jerarquía civiil y entre los guerreros. Tras complicada ceremonia -que duraba varios días- y en la que morían esclavos y un perro guía, los restos del difunto -adornados con joyas de piedra y metales- eran quemados para posteriormente introducirlos en una urna, junto con los cabellos del difunto y algunos de los objetos que lo adornaban. En el interior de la urna de obsidiana, se encontraron una máscara de plata y un cascabel de oro; en la de piedra tecalli se localizaron otro cascabel de oro y dos cuentas de piedra verde.
La mayoría de las ofrendas encontradas en el Templo Mayor estaban presididas por el dios Huehuetéotl-Xiuhtecuhtli, junto con Tláloc, quienes representaban el fuego y el agua, respectivamente, probablemente simbolizando el concepto del "agua quemada" que significaba guerra.
Otro de los temas abordados en esta sala es el autosacrificio
, una manifestación ritual que se celebraba en la intimidad, como un acto personal de comunicación con los dioses, y su costumbre estaba generalizada entre toda la población. Se Llevaba a cabo perforándose ciertas partes del cuerpo, como los lóbulos de las orejas, los labios, la lengua, el pecho, las pantorrillas etcétera, con navajillas de obsidiana, puntas de maguey o punzones de hueso, que eran encajados -una vez ensangrentados- en unas bolas de heno llamadas Zacatapayoli y todo lo cual era probablemente guardado en las cajas ceremoniales llamadas Tepetlacalli, como una ofrenda a los dioses.
En esta sala también pueden observarse objetos relacionados con rituales como el sacrificio humano, como por ejemplo, los cuchillos de pedernal, los cuchillos-rostro, decorados con incrustaciones, así como las impactantes máscaras-cráneo con incrustaciones para simular los ojos, ambos de carácter simbólico. Asímismo se exhibe un grupo de cráneos de seres decapitados después de haber sido sometidos al sacrificio por extracción del corazón (según documentos del siglo XVI). Los cráneos presentan las características perforaciones temporal-temporal por las que se cruzaba una estaca para colocarlos en el altar Tzompantli. Además, estos cráneos presentan huellas de que fueron desollados, es decir, se les quitó la piel y la carne antes de ser exhibidos en dicho altar.
También se exhiben otros muchos objetos relacionados con las ceremonias rituales, como los braseros, en los que se quemaba el copal
, figuras hechas con esta resina, instrumentos musicales, collares y cuentas de adornos suntuarios, entre otros.
Por su calidad estética, son relevantes dos urnas funerarias o cinerarias, procedentes de la costa del Golfo, que contenían huesos cremados de personajes importantes, probablemente de guerreros mexicas muertos en combate.
Ya que esta sala gira en torno al sacrificio y a la muerte, es digno de resaltarse un extraordinario vaso de piedra verde con la representación de Mictlantecuhtli, "Señor del mundo de los muertos", de los descarnados, que habitaba en el Mictlán.
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Ultima modificación: 30 de Octubre, 1997
Museo del Templo Mayor, Instituto Nacional de Antropología e História, México.
Seminario #8, Centro Histórico, Cuauhtémoc, México, D.F. 06060
©Copyright 1997
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