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DOCUMENTACIÓN: PUBLICACIONES
PUBLICACIONES EN PRENSA PARA EL AÑO 2000:
Los siguientes estudios se encuentran en prensa en la Dirección de Publicaciones de la Coordinación Nacional de Difusión del INAH y aparecerán en el año 2000: LOS PECES ARQUEOLÓGICOS DE LA OFRENDA 23 DEL TEMPLO MAYOR,
Biólogos Óscar Polaco y Ana Fabiola Guzmán.Este interesante estudio parte de los escasos trabajos arqueozoológicos que se han emprendido en la Cuenca de México, para continuar con un análisis del desarrollo del Proyecto Templo Mayor, objetivos y programa de investigación; la importancia de las ofrendas excavadas en la zona; la presencia de restos de fauna dentro de ellas en proporción casi igual a los materiales arqueológicos tradicionales y la importancia de la relación hombre-fauna en el pensamiento mexica, todo ello dentro de un programa de trabajo establecido en varias etapas: descriptiva, comparativa, análisis de las figuras zoomorfas y el análisis de las fuentes etnohistóricas en comparación con los restos arqueozoológicos encontrados en Templo Mayor.
La investigación continúa con la descripción general del complejo A, dentro del cual se encuentra la Ofrenda 23, en la que se localizó gran cantidad de peces, desarrollando una amplia investigación sobre el material íctico de dicha Ofrenda en comparación a los estudios efectuados tras su excavación, con la finalidad de contribuir al conocimiento de los peces depositados en el Templo Mayor, su manejo y la importancia que tenían dentro del pensamiento mítico religioso de los mexicas.
Posteriormente los autores describen los materiales y métodos de esta ofrenda excavada en 1979; separación del material icteofaunístico, preparación del material para su estudio (limpieza, consolidación, restauración y marcado); identificación del material con base en esqueletos recientes y en la literatura especializada y la descripción de las piezas óseas, por especie y por muestra, mediante una metodología determinada.
Se procedió, entonces, al análisis de la distribución espacial y orientación de los materiales por medio de la estratigrafía y las coordenadas, analizando su tafonomía, es decir, las alteraciones posteriores sufridas por lo elementos. El estudio continúa con la recopilación de la información biológica por cada taxón y análisis de la etnohistoria, en forma específica.
En la Ofrenda 23 se localizaron 7775 elementos esqueléticos y escamas: 88 individuos de 32 taxa y 23 familias; las especies se identificaron en un 68.75%. Gracias a este estudio se sabe que la mayoría de los peces proceden de zonas arrecifales y costeras del Atlántico; se describen sus dimensiones y edades aproximadas así como la época de captura (entre febrero y abril) de acuerdo a los períodos en los que se presenta la juventud de las especies depositadas.
Se analizó, igualmente, el estado de conservación, por lo que se pudo determinar la existencia de cortes resultado de las prácticas culturales mexicas, entre ellas la eliminación de la columna vertebral y musculatura asociada para reducir el espacio que ocupaban dentro de la ofrenda. Se encontró una preferencia por depositar peces "viejita", "agujón", "globo" y "gallineta", selección que, probablemente, respondió a la forma y color de estos ejemplares.
En cuanto a su orientación dentro de la Ofrenda, la mayoría de los elementos tenía la cabeza dirigida hacia el oeste, estaban recostados sobre su lado derecho y otros sobre su vientre y colocados de manera homogénea en toda la Ofrenda. También se detectaron alteraciones posteriores al cierre del depósito, lo que afectó y desplazó las piezas hacia el noroeste.
La procedencia (comercial, tributaria o por obsequio) de las especies localizadas en la ofrenda no se pudo determinar, aunque sí se sabe que son originarias de las Costas de Veracruz, traídas a Tenochtitlan durante el gobierno de Moctezuma Ilhuicamina (1440-1469), probablemente en el mes Tlacaxipehualiztli (fecha de consagración del Templo Mayor) y en Izcalli, fecha en la que se realizaban sacrificios de animales, lo que incluía a los peces. Para determinar lo anterior, los biólogos consideraron la ubicación de la ofrenda en el Templo Mayor, la fecha de la etapa constructiva a la que corresponde así como otros factores que narran las fuentes etnohistóricas y que apuntalan su propuesta.CONSERVACIÓN DE LOS OBJETOS DE CONCHA DE LAS OFRENDAS DEL TEMPLO MAYOR DE TENOCHTITLAN.
Rest. Dulce María GrimaldiEn esta investigación la autora contempla tres objetivos fundamentales para la conservación de material conquiloilógico: a) comprender sus procesos de deterioro; b) evaluar la efectividad de algunos tratamientos de consolidación aplicados en Templo Mayor y compararlos con nuevas propuestas; c) evaluar las condiciones ambientales existentes en su contexto de almacenamiento dentro del Museo.
La información del primer capítulo introduce al lector en los diversos aspectos que participan en la composición y comportamiento de la concha, material compuesto por materia orgánica e inorgánica con distintos acomodos y distribución estructural, en donde destaca la importancia del compuesto orgánico.
Entre los materiales encontrados en las ofrendas del Templo Mayor, los de concha de molusco son los más abundantes, por lo tanto la autora hizo una selección representativa de pendientes de caracol del género Oliva para estudiar su deterioro, consolidación y almacenamiento, aunque en algunas ocasiones se incluyeron ejemplares del género Olivella, Strombus y fragmentos de concha nácar. Las características del material seleccionado las comparó con las de los ejemplares de reciente extracción del mar.
La autora estudió el deterioro del material de concha y sus causas, a su paso por diferentes contextos y hasta el momento presente, poniendo especial interés en lo ocurrido con el material de concha de la zona arqueológica del Templo Mayor. Encontró que la alteración sufrida se relaciona con deterioros físicos, químicos y físico-mecánicos en los que intervienen la temperatura, el agua, la luz, el oxígeno, el hombre, etcétera, y que la mayor parte del deterioro de los elementos se efectuó en los más de 500 años de enterramiento y se percibe claramente en la pérdida de brillo y color, presencia de pulverulencia y laminación, así como en la disminución de la dureza superficial. Destaca, así mismo, la relación entre el estado de conservación de la materia orgánica y aquel de la concha en general.
A continuación, la autora evalúa los tratamientos de consolidación aplicados en el Templo Mayor de 1987 a 1995 y su comparación con nuevas opciones. La información obtenida de reportes de campo e historias clínicas, así como la observación directa de ejemplares le permitió evaluar al Paraloid B72, Primal AC33, Acryloid B66, agua de cal, hisróxido de bario con urea, Mowithal B60H, Mowilith 50 y Mowilith DM4. También abarcó la experimentación con otros materiales propuestos recientemente; leche de vaca, caseína natural y formiato de bario. La autora puso especial atención en evaluar la penetración de los consolidantes en la concha y en señalar los resultados del tratamiento, inmediatos y a mediano plazo, más allá de un año.
Finalmente evaluó las condiciones macro y micro ambientales en el área de almacenamiento, así como de los contenedores, incluyendo la calidad del aire, la temperatura, la humedad relativa, la técnica y criterio de almacenamiento, así como los materiales empleados.
A lo largo de la investigación la autora empleó métodos de análisis de fácil acceso y otros de tecnología altamente especializada, entre los que se destacan la microscopía electrónica de barrido; microscopía estereoscópica; la dispersión de rayos X y la difracción de rayos X; la observación de características físico-mecánicas, como el brillo y color, densidad, porosidad, resistencia al impacto, dureza, y características químicas como pH y contenido de materia orgánica. También llevó a cabo análisis a la gota de productos de corrosión y la denominada "prueba de Oddy".
Este texto aprovecha la experiencia que se ha acumulado en cuanto al trabajo de concha arqueológica en Templo Mayor y contribuye a ampliar la bibliografía de un material que ha recibido hasta la fecha poca difusión dentro del campo de la conservación y restauración.SIMBOLISMO DE LOS OBJETOS DE CONCHA DE LAS OFRENDAS DEL TEMPLO MAYOR DE TENOCHTITLAN.
Arqlgo. Adrián Velázquez Castro.Este texto resulta un valioso complemento al trabajo anterior Tipología de los objetos de concha de las ofrendas del Templo Mayor de Tenochtitlan, en el cual son minuciosamente estudiadas más de 2 mil 300 piezas a partir de las especies de las cuales fueron manufacturadas, y catalogadas en familias y sub-familias, tipos y sub-tipos, grupos, sub-grupos y variantes; su posible origen geográfico en relación a la economía mexica y las técnicas de fabricación, hasta llegar a atributos muy específicos que, en algunos casos, llegan a determinar el uso que se les daba, corroborando la información de códices y de representaciones escultóricas, esto último como preámbulo al texto que ahora se propone.
Se trata del análisis etnohistórico que profundiza de manera acuciosa en el simbolismo que este tipo de objetos tenía dentro del mundo mexica, partiendo de los contextos arqueológicos y confrontándolos con las fuentes escritas del siglo XVI, así como con representaciones pictóricas y escultóricas en las que se aprecian representaciones de las mencionadas piezas.
Con clara metodología, el autor parte de los objetos mismos y de su información contextual dentro del gran Templo y en los edificios aledaños, para ir desentrañando el significado y sentido que tuvieron según el sitio en el que fueron localizados (en el Recinto ceremonial y dentro de cada ofrenda), así como elementos a los que se encontraban asociados. Es interesante la propuesta de que los objetos de concha funcionan como símbolos y no como signos, y que su comportamiento dentro de las ofrendas difícilmente pueda emularse al lenguaje.
El autor toma como punto de partida uno de los planteamientos fundamentales que el Proyecto Templo Mayor propuso desde su inicio, el cual señalaba que los dones y otros objetos localizados in situ en las excavaciones debían responder a cada una de ambas deidades adoradas en él; el dios Tláloc recibiría de su lado objetos que aludieran al agua, la fertilidad, la alimentación y la vida y Huitzilopochtli, por el otro lado, recibiría aquellos que denotaran sacrificio y guerra, todo lo cual respondería, no sólo a una estructura universal, sino también a las principales actividades que sustentaban la economía mexica; la guerra y la agricultura.
En el caso del lado norte, el autor propone la posibilidad de que se trate de una representación del Tlalocan, pues la evidencia de los objetos de concha relacionados con la fertilidad, la abundancia y la vida es muy clara; en el caso del lado sur, existen objetos de concha con representaciones de carácter ígneo y emblemas de guerreros muertos, esculturas del dios del fuego y otros elementos relacionados con el sacrificio, asociaciones éstas que lo llevan a pensar que muchos de los objetos depositados en el lado de Huitzilopochtli representan no sólo a la guerra y al sacrificio, sino al Sol en el momento en que es devorado por Tlaltecuhtli durante el ocaso y que otros tantos objetos representan a Quetzalcóatl o se relacionan a él en su advocación de Venus durante su viaje por el inframundo, es decir, propone al lado sur del Templo Mayor como una representación del cielo nocturno.
Un tercer grupo de objetos localizados en puntos de unión de estos dos grandes ámbitos funcionan, de manera muy clara, bajo la perspectiva del mundo dual mesoamericano, en el cual la fertilidad y la vida misma no pueden concebir sin la muerte y el sacrificio.
En términos generales, el autor concluye que las ofrendas de las que provienen los objetos de concha las cuales fueron enterradas debajo de pisos, plataformas o en el interior de los templos representan al inframundo, encontrando dos formas diferentes de recrear este nivel del cosmos: el Tlalocan en la parte correspondiente al templo de Tláloc, y el cielo nocturno en la de Huitzilopochtli.
RESTAURACIONES EN EL TEMPLO MAYOR DE TENOCHTITLAN
Conserv. María Eugenia Marín Benito (Coordinadora)Tras más de 20 años de investigaciones sistemáticas del Proyecto Templo Mayor, la restauración y conservación de elementos arqueológicos ha escrito también su historia. En este volumen presentamos varios textos agrupados en tres temas, más una colaboración especial que, por sus características, bien vale la pena ser publicada.
La división que hemos propuesto va en función a la localización de los materiales dentro del espacio que ocupara el Recinto Sagrado de Tenochtitlan, siguiendo la estructura metodológica del Proyecto Templo Mayor, y no en cuanto a los materiales o técnicas empleadas para la conservación de éstos. Sin embargo, una lectura general del contenido de esta publicación nos ofrece un panorama variado de técnicas, tanto de manufactura (escultura en cerámica, escultura en relieve, textiles, material biológico, mosaico de turquesa, madera y metal), como de la manera de abordar problemas específicos sobre su restauración y conservación.
Los textos van precedidos por un artículo introductorio de María Eugenia Marín Benito, jefa del Departamento de Restauración del Museo del Templo Mayor, quien da un panorama de lo que han sido los trabajos de restauración y conservación en este sitio, cuyas particularidades han significado muchos problemas que han tenido que ser atacados de diferentes formas: humedad, tipo de suelo, contaminación, alta sismicidad, factores de hundimiento, desecación del subsuelo, etcétera, todo lo cual ha obligado a emprender investigaciones que tiendan a mejorar los diagnósticos y tratamientos, algunas de las cuales se han publicado.
El primer grupo de artículos se refieren a materiales localizados en la Casa de las Águilas, recinto al norte del Templo Mayor. Las dos monumentales esculturas de cerámica del dios Mictlantecuhtli presentaron para Vida Mercado un enorme reto. El artículo expone, entre otros muchos puntos, las causas del deterioro y cómo se trataron de mantener las condiciones de enterramiento de las piezas para poder recuperarlas sin perder el alto grado de humedad al que estuvieron sometidas por siglos; el levantamiento en bloque; tratamientos de conservación como la limpieza; la consolidación de la capa de policromía; unión de fragmentos, resanes, etcétera y, finalmente, la colocación de soportes interiores, lo cual representó un desafío considerando el enorme peso de las cabezas y la posición de los cuerpos inclinados hacia el frente.
El artículo de Ximena Vázquez del Mercado sobre textiles mexicas de algodón, resulta interesante ya que es difícil encontrar restos de textiles en buen estado de conservación dada su composición orgánica y fragilidad ante los fenómenos de deterioro causados por las condiciones de enterramiento. La autora analiza con acuciosidad todos y cada uno de los fragmentos encontrados en la ofrenda V, descubriendo tras ello que el estado de carbonización fue fundamental para su conservación; que los restos pertenecen a la vestimenta de algún personaje muy importante; pudo determinar las características del tejido distinguiendo cuatro grupos en cuanto a trama y urdimbre, reconstruyó su diseño y aplicó técnicas de conservación en los restos.
Dulce María Grimaldi y María de Lourdes Gallardo, en colaboración con los doctores en Física Javier Miranda y José Luis Ruvalcaba, de la UNAM, hacen un diagnóstico sobre problemas de contaminación en las banquetas policromadas que representan personajes en procesión, específicamente en la banqueta 2 de la Casa de las Águilas, partiendo de la aplicación de un método de análisis de muestras con las técnicas PIXE (Emisión de Rayos X Inducida por partículas) y RBS (Microscopía Electrónica), entre otras, para determinar las causas que provocan decoloración, pulverulencia, sales, manchas, desfasamientos, etcétera, situación que es generalizada, en mayor o menor grado, en todas las banquetas y que permitirá realizar más investigaciones con el objetivo de encontrar soluciones para su conservación.
El segundo grupo lo componen artículos referentes a materiales rescatados en tres ofrendas del Templo Mayor. El primero de ellos es de Bárbara Hasbach, quien aborda dos casos concretos. En la ofrenda 48 se encontró un pectoral de mosaico de turquesas y en la 58 un cartílago de pez sierra, mismos que hubo de levantar con ayuda de soportes auxiliares, tras un tratamiento in situ, dada su fragilidad y para no perder la forma que tenían en el momento del hallazgo; su posterior tratamiento en el taller y montajes definitivos son expuestos por la autora, estableciendo las diferencias entre uno y otro tratamientos.
La ofrenda 100 fue localizada durante los trabajos del Programa de Arqueología Urbana en el predio de Guatemala # 38 (Ajaracas), bajo el cual se localiza la continuación de la escalinata de la última etapa constructiva del Templo Mayor. En su artículo, María de Lourdes Gallardo expone los tratamientos aplicados in situ a todos los materiales que componían la ofrenda, para abordar con más detalle el caso de 14 cráneos de colibrí (ave relacionada directamente con Huitzilopochtli "Colibrí Zurdo", y que por primera vez aparecen en una ofrenda), exponiendo la morfología de los materiales óseos; las causas de deterioro; los factores que interactuaron para su preservación, y los tratamientos que recibieron los cráneos in situ y en el taller. La identificación de las especies, con el apoyo de la Subdirección de Laboratorios y Apoyo Académico del INAH, arroja interesantes resultados, entre otros, sobre la posibilidad de que los colibríes fueron "preparados" para ofrendarlos.
Un tercer grupo lo conforman un par de artículos referentes a materiales de origen colonial e incluso posterior, rescatados también durante las intervenciones del Programa de Arqueología Urbana.
El primero de ellos, escrito por Laura Filloy, trata sobre deterioros estructurales de la madera localizada en el predio de Justo Sierra # 33, causados por agentes físicos, químicos y biológicos, cuya gravedad va relacionada tanto a las características intrínsecas de la madera como al contexto de enterramiento. La autora analiza la resistencia de las estructuras celulares de las muestras extraídas a un trozo de duela del siglo XVI y a un pilote del XIX, concluyendo tras la exposición de cada caso, que no cabe para todos los tipos de madera la aplicación indiscriminada de un mismo tratamiento y que es necesario el apoyo del microscopio para determinar el tipo de deterioro a través del análisis de los cortes histiológicos.
Ilse Cimadevilla y Carolusa González exponen el caso de la restauración de monedas de plata y cobre de las épocas colonial e independiente, halladas en las excavaciones del PAU en Palacio Nacional. Para la identificación de las piezas numismáticas, contaron con el apoyo de los historiadores Guadalupe de la Torre y Abner Gutiérrez. En el artículo exponen las causas de deterioro de los dos tipos de metal, estableciendo los tratamientos que deben ser aplicados para atacar los diferentes mecanismos de corrosión. Parten del análisis por medio de diferentes técnicas como el microscopio óptico, la radiografía, y los análisis químicos, para proceder a determinar el criterio de intervención que recibieron las monedas.
Mención especial merece la colaboración del restaurador Rolando Araujo, dadas las características peculiares del hallazgo de dos monumentales esculturas de cerámica en el poblado de Miraflores, Edo. de México, con la participación de arqueólogos del Templo Mayor y que hoy conforman parte del acervo del Museo. Se trata de las representaciones de Xipe Tótec y de el Dios Murciélago manufacturadas en cerámica y cuyos tratamientos de restauración no difieren de otros, aunque sí en cuanto a la elaboración de soportes específicos para cada uno de ellos, para proporcionarles estabilidad y facilitar su manipulación y transportación para operaciones museográficas.
En resumen, las propuestas planteadas por los conservadores resultan variadas, novedosas e inclusive técnicamente ingeniosas para lograr resolver los problemas específicos que cada material arqueológico presentó en su momento.
El Proyecto Templo Mayor ha basado su actividad en el trabajo interdisciplinario. Este es el caso más concreto en que se da esa actividad colectiva: la participación casi inmediata del restaurador junto con el arqueólogo para lograr la preservación del legado arqueológico.LOS TEMPLOS ROJOS DEL RECINTO SAGRADO DE TENOCHTITLAN
Arqlga. Bertina Olmedo Vera.Es una acuciosa investigación sobre dos magníficas construcciones localizadas dentro del recinto ceremonial de Tenochtitlan y que flanquean hacia el norte y hacia el sur al Templo Mayor: los adoratorios C y F o "templos rojos", llamados así por la preponderancia de este color en sus muros. Por su estilo de inspiración teotihuacana, la arqueóloga hurga en el remoto pasado de aquella ciudad para establecer qué correlación pudo existir entre dos culturas tan distantes en el tiempo y tratar de responderse otras muchas preguntas que se desprenden del simple hecho de la ubicación de estos templos flanqueando al Templo Mayor; desentrañar con qué intención fueron edificados: para un dios en específico o con motivo de algún hecho importante; qué tipo de ofrendas se encontraron en ellos; qué relación tienen con los demás templos del recinto sagrado y con otros dos de características similares, su función y cómo se arraiga en los mitos ese pasado teotihuacano de los mexicas, entre otras cuestiones.
Para ir respondiendo estas y otras preguntas, la autora se apoya en los datos arqueológicos previos del área y en los aportados por el Proyecto Templo Mayor entre 1978 y 1982 (periodo en que fueron descubiertos), y busca información en las fuentes etnohistóricas para ir planteando sus hipótesis principales a partir de aspectos iconográficos:
En este trabajo la autora tiene como objetivo principal demostrar que existen suficientes indicios arqueológicos, pictográficos y documentales para afirmar que estos templos -de dimensiones, formas y decoraciones muy similares- fueron erigidos en honor del dios solar Macuilxóchitl-Xochipilli, patrón de la música, la danza, las flores y el juego.
A diferencia del mismo Templo Mayor y de otras estructuras del recinto sagrado de Tenochtitlan que se conocían con anterioridad, gracias a documentos y pictografías de los siglos XVI y XVII principalmente, en esta ocasión se encuentra ante la evidencia arqueológica de unas estructuras de marcado perfil teotihuacano de las que no se sabía nada, ya que no fueron representadas en las pictografías indígenas, ni descritas en las fuentes documentales en términos de sus características formales. Con el fin de entender su posible significado simbólico y la función que tuvieron en la vida religiosa de la sociedad mexica, la autora estudia las características de estos pequeños templos a la luz de las concepciones cosmogónicas de este pueblo, teniendo en cuenta varios factores. Por ejemplo, el hecho de que los mexicas construyeran estas pequeñas estructuras imitando patrones estilísticos que prevalecieron siglos atrás en Teotihuacan, nos habla de la necesidad de evocar, mediante la imagen visual, un lugar sagrado directamente conectado con un pasado mítico al que querían afiliarse. Así, el estudio de la mitología mexica fue necesario para entender esta conexión simbólica. Pero, además, depositaron ofrendas en el interior de estos templos y pintaron diseños en sus muros: el estudio iconográfico de los objetos que los sacerdotes mexicas escogieron cuidadosamente para consagrar estos edificios y el análisis de la distribución de los mismos dentro de las ofrendas, así como el estudio de los diseños pintados en los muros y su comparación con representaciones visuales en los códices pictográficos y otros ejemplos de pintura mural prehispánica, proporcionaron elementos que orientaron también en el camino de la interpretación que la autora hace de la función de los templos rojos.
Como resultado del análisis arqueológico de los templos rojos y de la correlación de los aspectos mencionados arriba, la autora propone: una interpretación sobre la dedicación de los templos rojos al culto de Macuilxóchitl-Xochipilli, en su carácter de dios solar; la posible relación existente entre el significado simbólico de estas estructuras y el momento político y social en el que funcionaron, y una identificación de los templos rojos en la obra de Fray Bernardino de Sahagún, con la intención de hacer una aportación al conocimiento de las estructuras que han sido recuperadas por la arqueología dentro de los límites de lo que fuera el recinto sagrado de Mexico-Tenochtitlan.
Lourdes Cué
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Investigacíon | Bibliografía | Documentación | Urbana| TemporalUltima modificación: 31 de Mayo, 2000
Museo del Templo Mayor, Instituto Nacional de Antropología e História, México.
Seminario #8, Centro Histórico, Cuauhtémoc, México, D.F. 06060
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