
Los investigadores suponen que las familias de diferentes aldeas cooperaron unas con otras, reuniéndose para llevar a cabo rituales o para compartir la comida entre sí cuando las cosechas no eran abundantes. Sin embargo, con el tiempo, la población regional creció. Conforme más gente inmigró a la región, se desarrolló más competencia para obtener los recursos disponibles.

Muchas aldeas pequeñas se quemaron, por lo que los arqueólogos piensan que con el incremento de la población, el desplazamiento de una aldea a la otra se volvió más restringido y la gente que vivía en pequeños grupos se volvió más vulnerable a los asaltantes.
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